Érase una vez Dídola, un luminoso lugar donde nacían las buenas conversaciones al aroma del café y la vainilla. Allí vivían también los libros más bonitos y divertidos, y los niños eran especialmente bienvenidos..

Cada día una tarta casera

Con mucho amor

En Dídola había una tarta distinta cada día. Los madrugadores golosos preferían los bizcochos ligeros de yogur, de limón, de zanahoria, de naranja con chocolate… Los lamineros de tarde apostaban por las tartas de queso, de red velvet, de pantera rosa o los brazos de gitano. Y para los que sí pero no, ahí estaban las galletas caseras de mantequilla o las palmeritas recién hechas, un dulce bocado para alegrarse el día.

Libros ilustrados

en nuestras estanterías

“¿Por qué un café con librería?”, se preguntaban algunos. “¿Pero qué invento es este?”, clamaban. En una esquina, un padre llevaba a sus hijos a cazar un oso mientras merendaban bizcochos. Bajo el ventanal, una joven sonreía sumergida en una historia humeante de café. Libros inspiradores, rebosantes de imaginación, tan bonitos que parecen cuadros, alumbraban desde las estanterías de Dídola como un tesoro de piedras preciosas.

Cumpleaños

para todos

Para cocinillas, para bailongos, para amantes de la ciencia o para quienes disfrutan dándole a coco. En Dídola los cumpleaños eran diferentes y se convertían en un día inolvidable. Contamos con animadoras profesionales especializadas en fiestas de cumpleaños. No lo dudes e  infórmate.

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